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sábado, 19 de abril de 2008

Lo bello, es difícil

Fotografía de Diego Barral López
De cabeza. Lo de que a veces pasan trenes por delante de uno, puedo corroborarlo a pies juntillas. En cuestión de dos semanas, mi vida ha dado un giro radical. He dejado un trabajo seguro, tranquilo y bien pagado por un convenio de prácticas con sueldo cero en una empresa que, tal vez, sea determinante para mi futuro profesinal. O no. Nunca se sabe, hasta que surja otra oportunidad y murmure en pasado justo de lo que ahora estoy hablando. Y vuelta a empezar. Y la noria sigue y gira. Y yo me limito a cambiar de cesta y tiro porque me toca. Ahora que cuerpo y mente aguantan. Vivir con lo justo durante un tiempo, apretarse e ingeniárselas para seguir disfrutando de la vida. Porque no todo es el dinero.
Dejo, al irme, unos cuántos corazones formidables, de color bermellón encendido, que han ido colándose por entre las rendijas de mi día a día, acompañándome, desenterrando carcajadas que tenía olvidadas, haciendo de estos siete meses un prodigioso jolgorio.
Como decía Sófocles en una de las frases que más recuerdo de las clases de griego del instituto: la alegría más grande es la inesperada. Eso y que lo bello es difícil.

sábado, 9 de febrero de 2008

Tal vez, parecido a Holden Caufield

Alicia en las ciudades (1974), de Wim Wenders
Leo en la edición digital de El País, que Polaroid va a dejar de fabricar el cartucho de sus cámaras instantáneas: la era digital arrasa, incluso con una cámara que se mantuvo, durante décadas, como auténtico objeto de culto. Y he recordado la película de uno de mis directores joya (el de entonces, no el de ahora): Wim Wenders y sus viajes reveladores: Alicia en las ciudades.
El protagonista, un periodista alemán sumido en una etapa de nula inspiración, decide escapar a Estados Unidos con una Polaroid como única herramienta de viaje. Tanto llegará a suponer para él, que llegarán a ofrecerle más por ella que por su destartalado coche. La cobardía y el miedo de mirar a la vida directamente, quedan patentes en su adicción a la Polaroid. Pero después de su regreso a Alemania, deja de hacer fotos y vuelve a su tradicional cuaderno de viaje. La pequeña y deliciosa Alicia tendrá gran parte de culpa en ese cambio de actitud de Phil: aprenderá el valor del afecto, de las personas, de los lazos que unen.
El resto, ya es otra historia que merece la pena descubrir.

sábado, 12 de enero de 2008

Cómo seré yo cuando no sea yo...

Mark Rothko, No. 9 (Dark over light Earth/violet and yellow in Rose), 1954
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza. Ángel Gónzalez , La vida en juego

lunes, 31 de diciembre de 2007

La mujer deshabitada (entonces)

Negro y color (también)
Llevo días pensando en este año impar y apenas me he dado cuenta. Seguramente porque, de los doce meses, la mitad han sido un duro, pegajoso y oscuro letargo de alquitrán. Hace un año el termómetro marcaba 39, me dolía todo. Y adentro, más. Ahí, el mercurio no lograba ni subir: el pulso quieto, asustado, deshabitada de abrazos y miradas; empachada de desprecios y soberbia. Superó a la entrada del 2006, tan negruzca... Pero todo pasa, dicen y digo. En todo este tiempo he desaparecido varias veces, he exigido casi evaporarme.
Por suerte, aquellos con los que me troncho, los que me riñen con cariño, los que me abrigan porque otros ya no están, los que me dan felicidad sin ni siquiera saberlo, los que he recuperado después de años de andar camino, los nuevos que han aparecido sin avisar, un saco de diminutos seres que me hacen mejor persona cada día (seis más una), la que no me pide palabras ni promesas y la quiero tanto, el escritor maravilloso a quién le gusta lo que escribo, el que me deja canciones en el contestador y siempre me arranca sonrisas, la que come turrón a escondidas, la que me pone de excusa para pedirse un cortado con cruasanes, la que me da latas de atún para mis ensaladas, catálogos de Avon para mis diminutos pies y consejos de tia eterna, el adolescente que me da besos con vergüenza y me llama bicho, la pareja perfecta que inspira mi alegría (les falta el perro, todo llegará), los que animáis mis paseos virtuales cada mañana, la que encontró novio y toca el piano, el que me ha rebautizado como la pititona, que me hace croquetas, que me cuida cada día, que recoge mis lágrimas con rímel...
Todo volverá a ser habitado. Por suerte. Feliz, feliz 2008.

jueves, 22 de noviembre de 2007

"¡A la mierda!", contestó...

Fernando Fernán Gómez
Umbral lo definió como un cruce entre Leonardo y Cyrano, con ojos de diablo verde.
Actor, autor, persona: enojadizo, iracundo, colérico, deslumbrante, amante de los placeres.
Me quedo, por elegir una de ellas, con su película El viaje a ninguna parte, precioso y nostálgico deambular de nómadas decadentes y decaídos.

viernes, 16 de noviembre de 2007

El Sr Antonio y su nieta, Mar

Faro del departamento de Rocha, Uruguay.
Sé que seguirá manteniendo ese porte elegante, donde se haya ido, como cuando éramos pequeños e íbamos a su despacho a buscar cualquier cosa. O cuando pasaba por las clases para darnos el recibo, en papel de calco, para nuestros padres. No hay final que pueda apagar una vida como ha sido la suya: 91 latidos de lucha constante. Como Mar, su nieta, que también es hija, hermana, mujer y compañera y, ante todo, persona, valiente, alegre, sonriente (casi) siempre. Y amiga, amiga al cubo, la bruixeta, una persona imprescindible en mi vida.