
Antes de llegar, a lo lejos, ya se ven. Todas. Espachurradas. Ninguna avanza. El abecedario al completo, pero no logran alinearse. La mente, pringosa, como la masa que resulta de hacer libritos rebozados con pan rallado y huevo una de esas noches en que toca cena de fiesta. Tal vez el aceite está demasiado caliente, tal vez los palillos se han salido y floten, tal vez el queso acabe ennegrecido en el fondo de la sartén.
¿Hacia dónde dirijo la pirueta?