
¡Lo que daría yo...! ¿Te quejas que cuando la alarma suena a las 7:52 pero no hace falta pararla? Las horas libres que uno valora y disfruta, porque el resto están ocupadas con obligaciones no elegidas, pensaba mientras su amiga se alejaba despidiéndose con la mano juguetona.
Los excesos, excesivos. Siempre he dicho que no podría vivir sin leer.
Pero igual no necesito tantas horas de lectura...