Iconografía

viernes, 3 de diciembre de 2010

Desmontando el entusiasmo (que no a Harry)

El agua, que se va.

Y entender que, aunque parezca que tengamos, no tenemos nada.

La temporalidad y todo lo demás.

Que ya no están.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Arruguillas, que no arrugas

El yayo Pau y la yaya Carmen (14/10/2010 -Restaurante Txirimiri, BCN)

La veo ágil, tranquila y llena, de regreso, con la bolsa del pan, un saco de magdalenas y la leche El Castillo de la "Juanita"; su piel de entonces, tersa, perfecta, brillante. Él, hundiendo las manos en el bol transparente de las albóndigas, con la camisa arremangada: huevo, el perejil, carne recién picada, el pan rallado. Yo al lado, pequeña aprendiz, con el pelo revuelto en una coleta altísima, la frente despejada, el chándal y el diente travieso, situando meticulosamente cada una de las bolas resultantes en hileras simétricas. Sentirse importante gracias a él, diminuta amasadora. Fines de semana emocionantes. Sesiones de peluquería con rulos colocados al tuntún, peinar sus canas con colonia, partidas de parchís eternas, leche fría con galletas, vueltas al ruedo en bicicleta, castillos de arena con agua de la fuente, toboganes en la plaza de Els Porxos, aprender a coser vistiendo a las muñecas, el delirio por envolver regalos y comprar papeles y etiquetas, los panellets y las bolitas de coco, la retahíla de canelones en Navidad. Divertirse con cualquier cosa.

Entre mis recuerdos y la foto, han pasado más de 25 inviernos. Y ahí siguen. Ese día, de boda. La de mis tios, Jordi y Ana. Y la peque Mar, anillos en ristre. Risueños. Sumando los dos 168 años.

El consuelo, los hombros, la sonrisa siempre.

Y mis gracias. Al cubo.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Recompensa

Esta niña tiene mucha razón
Los coscorrones y las coces, aunque no lo parezca, también molan. Porque luego, cuando llega la recompensa por el trabajo bien hecho, uno los recuerda con sonrisilla tímida. La mía, hoy, de par en par, con todos los brackets reluciendo.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Flashforward

Nueva York La Nuit, madrugada, octubre 2009, desde el Empire State.
Hubo un tiempo en que ambos se agazaparon dentro de una cáscara de nuez. Ella sólo asomaba la cabeza para intentar coger aire y despegar otra vez, con él de la mano. Pero pronto lo soltaba. No veía horizonte. Ni azules. Él le ofrecía abrazos. A ella ya no le servían. Él apartó la esperanza. Los besos se mustiaron. Juntos, pero sólo fue quedando silencio.
Tiempo.
Búsqueda, dudas y caos.
Hoy ya lo sabe. Quiere volver a pisar ese asfalto de baldosas enormes: con nieve, más frío todavía que entonces, las medias de repuesto, el abrigo que entonces no se llevó, explicar a otros (más extranjeros todavía que uno mismo) cómo llegar a una estación, los cafés de medio litro, los donuts increíbles, el sushi barato, los perritos en Central Park, el agua de la duchas sin cal...
La ilusión retomada.
No como entonces, ni mejor ni peor. Pensando en el ahora y el adelante.
Y volver a compartir, la vida.

viernes, 20 de agosto de 2010

Cuando la ropa tendida ni se mueve

Ventana. Ropa tendida. Bizkaia. Abril 2010. Canon IXUS 800 IS
"El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere en cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo."
Fragmento de Lo bello y lo triste (1965), de Yanusari Kawabata.

lunes, 16 de agosto de 2010

Canícula

Diques. Junio 2009. Canon IXUS 800 IS.
El aire levanta los extremos de abajo. Y los de arriba. La rodea. Lo intenta por el otro lado. Saca un libro. El neceser, una revista. También el espejo. Y la toalla blanca pequeña para secarse la cara cuando sale del agua. El iPod. La botella de agua no (porque se calienta). Nada. No hay manera. Ventolera. La toalla parece un top manta de elementos playeros. Y los granos de arena esparcidos por todo. Se sienta, enfurruñada. Con las piernas en leve ángulo. Como siempre. Entonces empieza a sacudir el desastre, con paciencia. Trozo por trozo. Se van de un lado, pero reaparecen. Por todo. Omnipresentes. Desiste. Se tumba y la arena engoma su piel. Los cascos en sus oídos. Empieza a sonar la música. El sol calienta. Está sola.

viernes, 13 de agosto de 2010

Dejar pasar los días (o no)

El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella
«¿Cómo se hace para vivir una vida vacía?
¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?».