
Ayer tuve la genial idea de ponerme un jersey blanco de lana y unos pantalones negros como de piel de melocotón. Al cabo de dos minutos, el pantalón dejó de ser negro para quedar cubierto por una pelusa tipo lapa. No había tiempo para cambios de ropa, así que opté por limpiarlo como pude. Cada intento por arreglarlo, era peor. La pelusilla y yo. Sólo había que observarla de cerca: pura burla. Estaba a punto de irme para el máster, las seis de la tarde y yo soltando pelillos blancos en cada taconeo. Mi abrigo negro, como no, también cubierto por el maldito blanco. Mi coche es negro y la tapiceria gris antracita. Durante un instante estuve tentada de volver a casa y esconderme, cual bicho bola, hasta el día siguiente. Imaginé el asiento de mi golfito manchado de un blanco inmaculado y me horrorizé. Encontré una toalla psicodélica -regalo de alguna de mis revistas- en el maletero. La usé de funda "cubre pelusas". No es lo más ortodoxo para mi coche, pero ahí sigue. No me atrevo a meter los pantalones en la lavadora. Y del jersey, ¿qué me decís del jersey? Tal vez toda mi ropa se transforme en una pelusilla sempiterna. Tengo que decidir qué hacer. Pero es que yo sólo quería ir a clase. Y mira.